- Mira, Maroliña - dijo Juan el Viejo -, si no puedes meter los pies en los charcos, correr detrás del perro o que el perro corra detrás de ti, si no puedes hacer estas y otras cosas emocionantes, no merece la pena ser señor, don, ni nadie, créeme.
Maroliña no oyó la parrafada, que con el pie descalzo estaba a asustar a un cangrejo, y el cangrejo, asustado, se escondió debajo de la arena.
Los caminos de la luna (Juan Farias)
lunes, 26 de enero de 2009
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