Hoy, como tantos otros días, debo mi sonrisa a ti

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La historia se repite amigo,
Tal vez no de la misma forma,
pero sí con el mismo fondo.
Diferentes personas, pero las mismas intenciones,
dedicándonos a vivir sin pensar, la economía rige el mundo,
tanto tienes, tanto vales.
Las intenciones oscuras siguen siendo las mismas,
pasamos de un paralelo a otro y
conocer las intenciones de nuestros antecesores
nos ayuda a centrarnos más y más en las causas que nos unen,
aunque también en las que nos separan.
La historia se repite amigo,
la lucha entre compañeros no es nueva,
las traiciones de los amigos algo de sobra conocido y
los juicios entre padres e hijos
son situaciones que ya hemos contemplado,
pero esta vez cambian los sujetos.
Personajes distintos, finalidades, las mismas.
La historia se repite amigo,
y estamos condenados a vivir
en esta espiral repetitiva que es la historia.
Buena suerte
"I love you" is so easy to say
But so many times it doesn't mean a thing
"I love you" could everything
As long as we don't know what love is
I think love is not in what we say,
love is in what we do
And when we say we love we've got
something to prove
What is love?
I think love is nothing but the
truth
Something inside of me, something inside of you
Love is faith and
loyalty
Love is
sharing, love is to believe
I think that is what love could be
And so much more 'cause love is deep, love is deep
What is love?
I think love can be bold, love can be bear
Love can make you
happy and love can make you sad
Love can break your heart and love can heal your soul
Love can die and... love can roll

Nunca he sido muy racional en este tema, a veces la cabeza va a mil por hora y nos mete en un juego de disyuntivas, contradicciones e incoherencias que pueden llegar a convertir una maravillosa historia de amor, en una película de preocupación y frustración hasta macabra. No dudo que ante lo nuevo siempre habrá miedos, existirá el interés por el otro pero la negación a renunciar a muchas cosas intimas, a la independencia, a no querer sufrir, ni hacer sufrir a nadie. Me asusta la distancia, el tiempo, los espacios vacíos... al mismo tiempo me encantan los besos, las caricias, las palabras, sentirme acompañada, e incluso hasta un silencio compartido... tranquila. Me aterra la idea de volver a ilusionarme, de meterme en algo que no pueda controlar, de sentir que me aburro acompañada, o que definitivamente hay diferencias irreconciliables. No sé, será que estoy muy prevenida? O estoy yendo con mi imaginación demasiado lejos? Siento que estoy pensando en un mañana cuando es algo que no existe, no es real, aun no ha pasado, y eso no soy yo.

Por suerte nos equivocamos al pensar que todas las montañas rusas son iguales. :)
A veces es fácil sentir que sos el único del mundo que está luchando, que está frustrado, insatisfecho, o quedándose atrás. Pero ese sentimiento es mentira. Y si aguantas, si encontras el coraje para enfrentarte a todo otro día más, algo o alguien te encontrará y hará que las cosas mejoren. Porque todos necesitamos un poco de ayuda a veces. Alguien que nos ayude a escuchar la música del mundo, para recordarnos que no siempre será así. Ese alguien está ahí fuera. Y ese alguien te encontrará.

martes, 8 de septiembre de 2009

Nos hicieron de reglas que se hacen para romperse, y de sueños que se hacen para volverse realidad. De comidas favoritas para complacer al paladar y de mentiras que siempre esconden la verdad. De estereotipos que no persigo, y de lugares perdidos que nadie planea buscar. De inocencias y malicias, de culpas y respetos, de ambiciones y cosas que te llegan sin desear. De nada y de tanto, de promesas que se aprende a mejor olvidar.
Y después de corazones rotos, de desaciertos con la vida, el mundo y la razón... después de mentiras peor que piadosas, después de tanto que no voy a permitir más.
Y mi "vuelvo a empezar"...
Cuando creas que no te está pasando nada, todo estará sucediendo. Cuando creas que no tenés nada que perder, lo acabarás perdiendo todo. Cuando creas que vale la pena, será el mejor momento para retirarte. Cuando pienses que la has aquietado, ella será torbellino. Cuando pienses que casi la tienes, nunca habrá estado más lejos. Y cuando pienses que es tuya, ya no lo será.
Cada cual tiene sus encuentros simbólicos a lo largo de la vida. Algunos son ilustres, por ejemplo el que sucedió en el camino de Damasco, o ese otro en que alguien se encontró de golpe con una manzana que caía, e incluso aquél, fortuito, de una máquina de coser con un paraguas encima de una mesa de disecciones. Encuentros así, que proyectan a la inmortalidad a los Newton, los Lautréamont y los San Pablo, no les ocurren a los pobres cronopios que tienden más bien a encontrarse con la sopa fría o con un ciempiés en la cama. A mi me pasa que me encuentro con lustrabotas en casi todos mis viajes, y aunque esos encuentros no son nada históricos, a mi me parecen simbólicos entre otras cosas porque cuando no estoy de viaje jamás me hago lustrar los zapatos y en cambio apenas cambio de país se me ocurre que uno de los mejores puestos de observación son los banquitos de los lustrabotas y los lustrabotas mismos; es así que en el extranjeto mis zapatos reflejan los paisajes y las nubes, y yo me los quito y me los pongo con una gran sensación de felicidad porque me parecen la mejor prueba de que estoy de viaje y que aprendo muchísimas cosas nuevas e importantes.
Es por eso que hace algunos años escribí la historia de uno de mis encuentros con un lustrabotas, y creo que ese texto bastante nimio fue muy leido en America Latina aunque su acción se desarrollaba en Nueva Delhi. Ahora que vuelvo de Mexico siento la obligación de contar otro encuentro parecido, que tuvo por estrepitoso escenario el zócalo de Veracruz una mañana muy caliente del mes de marzo. Me doy perfecta cuenta de que los espíritus áticos encontrarán poco elegante iniciar una historia de viaje con un lustrabotas, pero a mí el aticismo ha dejado de quitarme el sueño hace rato y en cambio la silla del artista era perfecta, con ídolos deportivos pegados por todas partes y una tendencia a perder una pata trasera que obligaba a una gran concentración por parte del cliente. Mi lustrabotas debía tener diez u once años, es tan difísil saber la edad de un niño pobre, y a mi me aprece ofensivo y estúpido preguntársela porque es exactamente la pregunta que todo el mundo les hace a los niños, incluso a los ricos, desde los tiempos de Pepino el Breve, con lo cual los niños lo saben atávicamente y al contestar miran con ese desprecio que casi siempre merecen los adultos. Por lo demás esa mañana la función de contestar parecía ser la mía, puesto que apenas me instaló el zapato derecho en su cajita multiculor, mi joven amigo quiso saber si yo era gringo (él dijo amablemente "americano"), y mi negativa en correcto español lo dejó dubitativo. Bueno, entonces yo no era gringo pero tampoco era mexicano. Admití el hecho tan importante para muchos de ser argentino, y eso lo satisfizo a lo largo del primer zapato, pero al comienzo del segundo quiso saber si la Argentina estaba donde Guatemala.
Me costó preguntarle a mi vez si nunca había visto un mapa de América del Sud. Dijo que sí, pero era un sí lleno de no, un sí de pudor que me instó, más avergonzado que él, a explicarle con una especie de dibujo en el aire que ahí Mexico, y más abajo Venezuela y todo el Brasil, hasta que al final, ves, el continente termina como un zapato que nunca podrías lustrar tú solo, y eso es la Argentina.
Volviendo al primer zapato con el perfeccionismo propio de su arte, mi amigo meditó un buen rato antes de hacerme la pregunta final:
- ¿Y cuánto le cobró el taxi de la Argentina a Veracruz?
Se comprenderá que el resto carecía de importancia. Expliqué, claro, dije lo que había que decir en materia de aviones y barcos, pero de alguna manera ya sabía que no había puente y que de nada serviría hacerle comprender ese hecho concreto puesto que su pregunta mostraba tan horriblemente lo otro, la ignorancia de todo lo que no fuera su circunstancia inmediata, el miserable círculo de betún en torno a su banquito de lustrar. Sólo me quedaba reír con él, un par de bromas, darle el doble de lo que esperaba como pago para que su última risa fuese aún más bella, y marcharme con mis zapatos relucientes y el corazón lleno de polvo.

(Los cronopios no somos proclives a las moralejas, y esta pequeña historia no la tendrá; prefiero pensar un mundo - y luchar por él - en donde ya no sean posibles encuentros como éste. America Latina paga el precio agobiante de la explotación que hace el imperialismo de sus riquezas propias; lo que no siempre se ve es el precio que paga en inteligencia natural ahogada por la miseria. Mi pequeño lustrabotas tenía esa curiosidad vigilante que alimenta la inteligencia y la vuelve visible y activa; pero ninguna escuela, ninguna pizarra, ningun maestro habían orientado esa fuerza que giraba en el vacío. Una vez más, en Nueva Delhi o en Veracruz, Shine, shine, shoe-shine boy. En inglés, claro.)

Julio Cortázar (Papeles Inesperados - Un cronopio en Mexico I)