De día siempre hay un cielo soleado y sin nubes, y cuando llueve es siempre de noche y puedo sentir el repiquetear de las gotas deslizándose sin apuro sobre el techo.
A toda hora me siento feliz, como si un arcoiris me hubiera atravesado desde los párpados hasta la planta de los pies.
Tu presencia es lo único que necesito para sentirme completa y la excusa ideal para sonreír las veinticuatro horas del día. Aún cuando duermo.
No hay ruidos de colectivos, ni bocinas inquietas y el único sonido que se cuela por los oídos es el de las olas y el de los besos.
En mi mundo perfecto no se vive para trabajar, sino que se trabaja por placer y haciendo lo que uno ama.
Viajar está al alcance de todos y no exige el ahorro de muchos años. Lo que uno sueña se obtiene sin necesidad de comprarlo y lo que uno ya no necesita lo regala en lugar de venderlo. La gente dice lo que siente y es siempre la verdad.
La violencia es una palabra desconocida, junto con la miseria y la corrupción.
Las personas mueren de viejas sin sufrir ninguna enfermedad.
El amor es la moneda corriente, el abrazo su expresión más común y el beso el gesto más sincero.
Los más chicos juegan dónde quieren jugar, corren cuando quieren correr y crecen cuando deben crecer.
Se cree en la palabra del otro y no se considera posible la mentira.
Las relaciones son duraderas y lo único efímero es el olvido.
En mi mundo perfecto se ama para toda la vida.
Se sueña con ganas.
Se vive sin miedo.










