Hoy, como tantos otros días, debo mi sonrisa a ti

martes, 20 de octubre de 2009

Sentada en la galería de mi casa, blanca como la espuma del mismo mar que contemplo mientras desayuno, escribo.
De día siempre hay un cielo soleado y sin nubes, y cuando llueve es siempre de noche y puedo sentir el repiquetear de las gotas deslizándose sin apuro sobre el techo.
A toda hora me siento feliz, como si un arcoiris me hubiera atravesado desde los párpados hasta la planta de los pies.
Tu presencia es lo único que necesito para sentirme completa y la excusa ideal para sonreír las veinticuatro horas del día. Aún cuando duermo.
No hay ruidos de colectivos, ni bocinas inquietas y el único sonido que se cuela por los oídos es el de las olas y el de los besos.
En mi mundo perfecto no se vive para trabajar, sino que se trabaja por placer y haciendo lo que uno ama.
Viajar está al alcance de todos y no exige el ahorro de muchos años. Lo que uno sueña se obtiene sin necesidad de comprarlo y lo que uno ya no necesita lo regala en lugar de venderlo. La gente dice lo que siente y es siempre la verdad.
La violencia es una palabra desconocida, junto con la miseria y la corrupción.
Las personas mueren de viejas sin sufrir ninguna enfermedad.
El amor es la moneda corriente, el abrazo su expresión más común y el beso el gesto más sincero.
Los más chicos juegan dónde quieren jugar, corren cuando quieren correr y crecen cuando deben crecer.
Se cree en la palabra del otro y no se considera posible la mentira.
Las relaciones son duraderas y lo único efímero es el olvido.
En mi mundo perfecto se ama para toda la vida.
Se sueña con ganas.
Se vive sin miedo.

domingo, 4 de octubre de 2009

Tendre los ojos muy lejos
Y un cigarrillo en la boca
El pecho dentro de un hueco
Y una gata medio loca
Un escenario vacio
Un libro muerto de pena
Un dibujo destruido
Y la caridad ajena
Un televisor inutil
Electrica compañia
La radio a todo volumen
Y una prision que no es mia
Una vejez sin temores
Y una vida reposada
Ventanas muy agitadas
Y una cama tan inmovil
Y un monton de diarios apilados
Y una flor cuidando mi pasado
Y un rumor de voces que me gritan
Y un millon de manos que me aplauden
Y el fantasma tuyo sobre todo
Cuando ya me empiece a quedar solo
(Charly García)