Ahora mismo tengo alguna laguna en mi vida grande-grande. Sigo siendo incapaz de enfrentarme a asuntos que retraso pero que inevitablemente tendré que afrontar antes o después, y eso supone una dura batalla por delante, y mientras la batalla tiene lugar, un hueco que me recuerda que no estoy siendo lo útil que debería, que desperdicio demasiado tiempo, que no hago lo que debo... y no puedo sentirme satisfecha con esa sensación peleándose camino dentro de mí.
Pero, del otro lado, mi corazón está teñido de rojo brillante, hay algunas personas que iluminan mis tardes, tengo amigos a quienes recurrir cuando los necesito, o simplemente cuando quiero disfrutar un buen momento con ellos... y claramente las sonrisas ganan a las lágrimas en la balanza. Sospecho que es una de esas etapas dulces en las que no me doy cuenta de que estoy siendo feliz, aunque sea en chiquito y con minúsculas. Y que me daré cuenta cuando, la felicidad se marche, dejando su hueco vacío en el círculo.
No puedo evitar pensar que precisamente cuando afronte la batalla de la que hablaba antes, la de los asuntos pendientes, el tiempo organizado, los deberías tomando posiciones... será precisamente cuando esta racha dulce llegue a puerto. Pero bueno, cuando llegue el momento, veremos si efectivamente, la felicidad estuvo acompañándome estos días sin que yo supiera identificarla claramente, y si realmente y como me temo, decide alejarse mientras yo me enfrento al gris día a día del invierno.










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