Hoy, como tantos otros días, debo mi sonrisa a ti

miércoles, 18 de febrero de 2009


La vida, esa cosa tan extraña y tan desconocida,
se reparte entre los seres pesimistas y optimistas.
El pesimista es un ser pesado, de peso específico.
He aquí una definición: el peso en sí mismo, pe-si-mismo; ¿qué le queda?
Opta por ser tú mismo: opti-mismo.
La vida se reparte entre los pesimistas y los optimistas.
Yo soy optimista, ¿qué voy a hacer?
No siento pertenecer a una especie en extinción o a punto de desaparecer; no siento ser.
Estamos sí un poquito más enfermos.
Es que nadie da salud, nadie salud-da.
Demos salud, salud-demos:
-Hola, mi semejante, te doy salud, ¿tú me saludas?
Estamos sí un poquito más tristes...faltos de amor.
Novio es el que no-vio.
Las amadas se convierten en esposas.
Llevamos alianzas en el dedo anular...he dicho anular!
Y nos casamos, recíprocamente, bajo el ritual del casa-miento.
Y así no es fácil hablar de amor.
Que el amado sea una especie de sí-vio.
Que las amadas nos liberen de las esposas.
Que llevemos alianzas en el dedo anhelar.
Y si nos casamos, amorosamente,
lo hagamos bajo el ritual del casa-cierto.
Yo soy optimista, ¿qué voy a hacer?
Voy a hacer lo que hay que hacer:
Voy a salud-dar un poquito más;
voy a hablar incorrectamente nuestro idioma.
Habemos en el mundo seres indiferentes,
gente enferma, triste gente...

Pero es tan diferente si somos optimistas.

Pedro Paiva y Alejandro Orlando (Los Modernos)

No hay comentarios: