
Tú eres casi negra y yo blanca como el algodón, tú eres alegre y yo, una melancólica perenne.
Tú me hablabas y yo escuchaba. Me decias muchas cosas, mamá, y todas esas cosas ya no las tengo en la cabeza, aunque tal vez quedaron alojadas indisolublemente en mi alma.
Tú nunca atentaste contra mi vida y mi libertad. Tú eres demasiado liviana y yo demasiado pesada. De ahora en adelante deberé hacer que callen todas mis teorías sobre la vida para darle más espacio al sentimiento que experimento hacia ti.










1 comentario:
Me hiciste llenar los ojos de lagrimas con eso que escribiste... sera que las quiero mucho a las dos.
Carla.
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