Hoy, como tantos otros días, debo mi sonrisa a ti

martes, 9 de diciembre de 2008


Construyo paredes de colores, y todas mis palabras no son más que el ilegible resultado de mis noches de insomnio en un piso de alquiler, me escucho hablar en voz alta en una habitación vacía, donde no vivo ni duermo, donde respiro y me alejo, con calculada desmesura, de todos los lugares conocidos. Compro entradas para dos: mi sombra también reclama su parte.
No me despego de las sábanas las tardes de domingo, invento melodías cada tarde y las olvido justo después (por lo que puede que, en realidad, no haya inventado más que una sola, y la repita todos los días, inventándola de nuevo) y guardo mis secretos más indecentes en el congelador, para que se quemen de frío...

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